UN PAISANO EN GRECIA

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FORO DE TURISMO RURAL

Era un florido mes de mayo cuando en mi pueblo, Guadix, se celebraba con toda magnificencia la “Semana Santa”, justo cuando yo ultimaba detalles para iniciar un nuevo periplo a uno de los países míticos donde los haya, Grecia.

El viaje comenzó como casi siempre el día de antes, en que me trasladé a Madrid para salir al día siguiente desde allí. Recuerdo que aquella noche dormí en un hotel que se llama “Balboa”, lo mismo que mi apellido.

Aquella noche salí a dar una vuelta y después de cenar me acosté pronto, tratando de guardar fuerzas para el viaje que me esperaba.

El caso es que al día siguiente y rumbo a Atenas en un flamante avión me disponía a recorrer el país y, mira por donde, coincidió que allí se celebraba la “Semana Santa Ortodoxa”. Pero de esta os hablaré más adelante.

El viaje se hizo sin ningún contratiempo y a eso de mediodía nos encontrábamos recogiendo el equipaje para subir al autocar que nos trasladaría hasta el hotel.

El hotel estaba en el centro de Atenas (foto) y aunque los folletos decían que tenía 4 estrellas, os aseguro que he parado en mejores hoteles en España de menos estrellas, pero eso no quiere decir que estuviera mal. Estaba curioso pero se notaba que por el los años no habían pasado en balde. Sobre 10 le podríamos dar una puntuación de 7.

Esto de los hoteles siempre resulta como cuando compras un melón, que hasta que no lo has abierto no sabes como es.

Os cuento esto porque cuando viajéis, a la hora de escoger los hoteles, siempre será mejor que os aconsejéis con alguien que haya estado allí y no os dejéis guiar por las estrellas que figuren en el catálogo de la agencia de viajes, ya que os puedo asegurar que hay países donde los hoteles de 3 estrellas son estupendos y otros donde los hoteles de 5 estrellas dejan bastante que desear.

Aquella primera tarde en Atenas (foto), una vez instalados en el hotel, la dedicamos a recorrer a pie el centro de la ciudad y casi sin darnos cuenta desembocamos en el antiguo barrio de Plaka. Este barrio es el más famoso de la ciudad y está lleno de restaurantes y de tiendas que hacen el delirio de cualquier visitante que se deje conducir a través de sus calles angostas y muy típicas, y por ende, está bajo la colina de la Acrópolis con su majestuoso “Partenón” (foto) presidiendo la ciudad.

Nos ofrecieron entrar en bastantes sitios para que cenáramos, pero al final tuvimos la suerte de dar con unos compatriotas que llevaban tres o cuatro días en la ciudad y nos recomendaron un sitio muy coqueto, donde se comía bastante bien y donde la cuenta no sería estrepitosa. Fue un acierto total y sirvió para que empezáramos a romper el hielo entre los que íbamos a ser una pequeña familia en los días siguientes mientras viajábamos por el país.

Cuando viajas por esos mundos de Dios, donde comunicarte cuesta porque la lengua es difícil, se agradece que la gente con la que vas a convivir unos días sea agradable, simpática o cuando menos educada. Y yo en este viaje tuve la suerte de conocer a gente encantadora de muy diversos sitios de España con los que incluso aún hoy, después de tantos años, sigo manteniendo contactos frecuentes.

Cada vez que visito un país nuevo trato de aprender algo del idioma nativo y la experiencia me ha enseñado que aparte de enriquecerte culturalmente, ese pequeño detalle de dar las gracias en su idioma, o de saludar, etc., en algún momento dado te puede abrir puertas y descubrir facetas de las gentes, de sus costumbres, de sus tradiciones, que de otro modo tal vez escaparían para siempre de tu mirada inquisitiva de turista.

Recuerdo que lo primero que aprendí fue a pedir un vaso de agua fría, que sonaba más o menos como “Potiri neró krío”,  ya que aquel mes de abril hizo bastante calor.

Algo que no debéis esperar de vuestro viaje a Grecia es precisamente aquello que todos esperamos encontrar allí y que no son ni más ni menos que grandes monumentos bien conservados de la cultura milenaria griega y romana. Si exceptuamos “El Partenón” y alguno que otro más, todo lo que encontraréis serán ruinas, grandes piedras aquí y allí que un día fueron parte de un templo o parte de un palacio.

Pero con esto no quiero desilusionaros y os animo a que vayáis con la mente abierta a ser capaz de reconstruir en vuestro interior aquel monumento o aquel palacio con la simple visión de aquellas piedras esparcidas en medio de las ruinas.

El primer día lo dedicamos a visitar Atenas y, como no, las ruinas de la Acrópolis. Vimos el Partenón que fue el monumento que más me impresionó aunque estaba en obras de restauración y parte de su esplendor aparecía desdibujado. Admiramos las famosas Cariátides (foto) de las que sólo hay una verdadera, ya que las otras se encuentran en diversos museos, entre ellos, el Louvre. Vimos también el museo de la Acrópolis que también se encontraba en obras de restauración.

La tarde la dedicamos a visitar la ciudad propiamente dicha. Vimos el relevo de la guardia griega, el estadio olímpico de Atenas (foto) con su fuego olímpico siempre encendido y aparte de unas cuantas ruinas más, pudimos comprobar el caos circulatorio en el que se encuentra sumida Atenas.

Llegamos al hotel rendidos, con un calor agobiante y, después de descansar un rato y ducharnos nos fuimos otra vez a cenar al barrio de Plaka. Aquella noche tuvimos una cena movidita ya que los anfitriones eran gente joven con ganas de fiesta y viendo que en el grupo íbamos pocos hombres y que había mujeres que estaban sin pareja y de muy buen ver, decidieron armar una fiesta por todo lo alto durante la cena, incluso aparecieron unos músicos que nos deleitaron con extraordinarias baladas griegas y a los postres estábamos con el calorcillo que dan las copas bailando cual griegos de toda la vida hasta bien entrada la madrugada.

Al día siguiente, muy temprano, partimos con dirección a Delfos donde visitamos el Templo de Atenea y las ruinas de Delfos donde destaca el Santuario de Apolo, el Tesoro de los atenienses, el Oráculo de la Pitonisa y el estadio olímpico (foto).

La Pitonisa era según la creencia popular una sacerdotisa elegida por el mismo dios Apolo, la cual siempre estaba en su oráculo escuchando y atendiendo las peticiones de las gentes que iban allí desde remotos sitios para hacerle sus consultas.

Esa noche dormimos en Delfos y como el hotel estaba en las afueras no había nada que pudiéramos ver y además estábamos bastante cansados por lo que pronto estuvimos acostados.

Al día siguiente partimos rumbo a Nafpatkos (foto) donde llegamos a media tarde después de haber admirado durante casi todo el día el paisaje costero griego.

Aquella noche cuando estábamos tomando un refresco en un bar de Nafpatkos tuvimos la ocasión de presenciar una procesión de la “Semana Santa Ortodoxa”. No es una procesión como las nuestras porque carece del boato y del lujo que presiden las nuestras, pero nos llamó poderosamente la atención por el recogimiento y el recato con que pasaron las gentes por aquella pequeña avenida. Tanto fue así que decidimos seguirla y un rato después entrábamos en la iglesia, donde tras unos cánticos y oraciones, las familias se fueron juntando en corros para comentar sus avatares diarios en medio de un clima de paz y sosiego que en el ambiente se respiraba una espiritualidad casi palpable.

Por cierto, el nombre de Nafpatkos no os sonará pero si os digo que se trata de Lepanto estoy seguro que todos habéis oído hablar de la célebre batalla de Lepanto, la cual tuvo lugar en sus costas el 7 de octubre de 1.571 entre la armada española capitaneada por Don Juan de Austria y la armada turca, en la que después de cinco horas de intenso combate y 35.000 muertos se consiguió una de las más renombradas gestas españolas, teniendo en cuenta que la flota turca superaba a la española en barcos y soldados.

Al día siguiente cruzamos el estrecho de Patras en un transbordador para entrar en la península del Peloponeso y a media mañana nos encontrábamos en Olimpia, cuna de los primeros juegos olímpicos, donde visitamos el templo de Zeus y Hera, el museo arqueológico, el taller de Fidias y por supuesto el primer estadio olímpico de la historia donde disfrutamos como niños compitiendo en carreras cual atletas olímpicos.

El guía ya nos había advertido que si íbamos a ver el primer estadio olímpico de la historia (foto) nos lo imagináramos lleno de gente vestida a la antigua usanza griega, con un tumulto ensordecedor y con un ir y venir de atletas por todos los sitios y, personalmente, traté de hacer volar mi imaginación y el resultado fue un escalofrío que me recorrió el cuerpo.

Aquella noche dormimos en un bonito hotel que estaba en lo alto de una colina, todo rodeado de árboles y muy verde, desde donde podía verse a nuestros pies las ruinas de Olimpia.

Al día siguiente partimos con dirección a Nauplia vía Trípolis y Micenas.

En Micenas pudimos admirar los restos de la importante y antigua civilización Micénica de la que destacaremos la Puerta de los Leones, las ruinas de la ciudad amurallada y la Tumba de Agamenón (foto). En lo referente a este célebre personaje, Agamenón, os recomiendo leer la trilogía Orestíada del poeta griego Esquilo y la Iliada de Homero donde podréis encontrar con todo lujo de detalles la turbulenta vida de Agamenón.

El día siguiente era uno de los más esperados por todos, ya que íbamos a hacer un crucero que duraría todo el día por las míticas islas griegas.

Algo que nunca debéis dejar de hacer si vais allí es visitar algunas de sus islas pues parecen salidas de un cuento maravilloso donde todo acompaña ; desde los pequeños puertos pesqueros hasta los viejetes sentados en los cafés,  desde las aguas cristalinas hasta las multicolores pequeñas barcas de los marineros, desde sus callejuelas estrechas y típicas hasta sus pequeñas tiendas con sabor a rancio, que tanto nos gustan a los turistas.

Nosotros visitamos las islas de Hydra, Poros (foto) y Aegina (foto) y no sabría deciros con cual de ellas me quedaría. Lo mejor es que en cuanto podáis las visitéis vosotros y después os aseguro que la duda os asaltará lo mismo que me asaltó a mí.

Al día siguiente partimos con dirección a Atenas. Era el último día del circuito, pero todavía nos tenía reservado nuestro viaje algunas cosas dignas de ver.

El teatro de Epidauros (foto), con capacidad para unas 16.000 personas, cuenta con una de las mejores acústicas del mundo al aire libre y eso que fue construido en el siglo I antes de Cristo por Policleto el Joven. Hace algunos años al teatro de Epidauros (foto) se le concedió el honor de ser “Patrimonio de la Humanidad”.

El Canal de Corinto (foto), que une los mares Egeo y Jónico, es una impresionante obra de arquitectura. Imaginaos un cerro de 120 metros de alto y 6 kilómetros y medio de largo, al que abriéramos justo en la mitad una zanja desde lo más alto hasta la base y desde un lado al otro. Pues eso es el canal de Corinto, pero aparte de lo impresionante de la obra resulta más impresionante ver desde lo alto del mismo como es atravesado por los barcos.

Hay en Grecia otros muchos sitios que son dignos de ver y comentar, pero la premura del espacio me impide extenderme como fuera mi deseo y, bien pensado, así creo haberos puesto un poco la miel en los labios y dejar vuestros deseos de saber y conocer más en manos de un posible futuro viaje a este maravilloso país.

Confiando en haberos entretenido un rato, recibid un fuerte abrazo de vuestro paisano.

Álbum de fotos del viaje a Grecia

© Del autor

Artículo publicado en la Revista de la Asociación Cultural Amigos de Gor San Cayetano

 

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Este sitio se actualizó por última vez en Guadix (Granada) el 14 de septiembre de 2014 a las 15:35:17

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